Viaje de texturas 🪨


En el centro histórico, entrar en una iglesia, a un restaurante o a una casa colonial es sumergirse en un tacto y vista infinita de sensaciones. Esta vez, vamos a adentrarnos en los colores, texturas y nostalgia del diseño de estos espacios. El lujo quiteño no reside en la perfección lisa de lo moderno, sino en la riqueza de los relieves y figuras que tienen años de antigüedad.

Caminar por los patios de las casas y museos del Centro Histórico es entender que el lujo también reside en la sobriedad del material bruto, aquel que ha resistido siglos de lluvia, sol y pasos apresurados.

El diseño interior y exterior de la arquitectura quiteña suele estar marcado por una fuente de piedra. La estética es imponente. La andesita, extraída de zonas volcánicas, se transforma en pilas talladas donde el agua crea un contraste sonoro con la rigidez mineral. Al observar los detalles de los pilares de las columnas, percibimos la mano de los escultores que, hace cientos de años, hicieron estas magníficas obras de arte con una precisión geométrica que hoy llamamos patrimonio.

La piedra andesita tiene una cualidad mágica: cambia de color con la humedad. En un día lluvioso en Quito, los patios se oscurecen, volviéndose casi negros.

Foto recuperada de Google fotos: piedra andesita.


En las paredes de las iglesias y en los patios interiores, la textura es irregular. Si pasas la mano por una columna, sentirás que es porosa, fría y fuerte. Si tocas una pared de cal, notarás que no es perfecta como el yeso moderno; tiene ondas y pequeñas imperfecciones que capturan la luz de forma distinta. Estas texturas son las que le dan carácter a un lugar. Un restaurante en el centro no sería lo mismo sin esa pared rugosa que nos recuerda que estamos dentro de un tesoro histórico.

La estética de estos elementos reside en su resistencia. Al tocar cualquiera de estos materiales, hay una conexión física con la historia. Incluso los herrajes de las puertas pesadas y los protectores de las ventanas son los guardianes de la historia quiteña, los que marcan el límite exacto entre lo público y lo privado.

Foto por: María J. Delgado (parte delantera de la Iglesia de la Compañía)

El interiorismo en Quito es un banquete de texturas. Es la combinación del inmueble moderno y lo áspero de una pared de piedra. Al final, diseñar un espacio es elegir qué sensaciones queremos que la gente se lleve en la piel. Ahora, cuando camines por el centro quiteño, observa y si puedes, siente sus texturas.

Foto por: María J. Delgado (diseño exterior de una de las paredes de la Casa Gangotena)


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