Caminar por el Centro Histórico es ser observado por una legión de seres de piedra que, desde hace muchos años, custodian fachadas, balcones y cúpulas.
El Centro Histórico no solo se visita, también se saborea. En esta búsqueda del ‘Quito íntimo’, la comida es solo la mitad de la historia. La otra mitad está en el diseño interior.