En un pequeño taller ubicado en la Rocafuerte, se encuentra Diana González (dueña del taller), una mujer que restaura cuadros, esculturas, figuras religiosas y piezas que parecían condenadas a morir en la penumbra.
Pero antes de conocerla, conozcamos un poco sobre este oficio que ha durado años y que tiene gran resistencia pese a nuevas tecnologías y generaciones nuevas que ya no están interesadas en este trabajo.
El oficio de Diana es precisión y paciencia. Limpia, repara, pule, pinta. Devuelve color, vida y dignidad a objetos que cuentan la historia íntima de Quito.
Conozcamos un poco más sobre su labor diaria…👇🏾

