Estética del balcón 🪟


Ilustración realizada por: María J. Delgado (balcón de una de de las casas históricas en las calles García Moreno y Olmedo)

Históricamente, los balcones de Quito han sido los ojos de la ciudad. Antiguamente, eran el lugar desde donde se veía pasar la vida: las procesiones, los desfiles y el saludo entre vecinos. Hoy, aunque el ritmo ha cambiado, la sensación de asomarse sigue siendo la misma. Es un acto de curiosidad. Al estar ahí, te vuelves parte del paisaje urbano.

Foto por: María J. Delgado (balcones de la Biblioteca Municipal Federico González)

Un balcón funciona como un marco para una pintura que siempre está cambiando. Cuando te sientas en el borde de un ventanal antiguo, la luz te envuelve de una manera diferente y más, si es en un lugar que tiene cientos de historias por contar que han pasado de generación en generación. Atrás de ti está la sombra de los salones o restaurantes, y frente a ti, el sol que ilumina los tejados y las iglesias. Esta luz y sombra es lo que hace que la vista sea tan dramática. No es solo mirar por la ventana, es sentir el viento en la cara mientras tus ojos observan las calles de Quito o las cúpulas que parecen estar al alcance de la mano.

Cada balcón tiene su propia textura y personalidad. Están los balcones de piedra, pesados y eternos, que se sienten fríos al tacto pero seguros bajo el cuerpo. Y están los de madera y hierro forjado. En las imágenes, vemos cómo hay otros elementos que adornan los balcones: los famosos geranios.

Estar en un ventanal de piedra, con la ciudad extendiéndose a tus pies, te da una sensación de paz. El balcón es parte de la arquitectura quiteña, que se siente más poderosa. Son un recordatorio de las serenatasantoguas, donde la mujer abría la ventana y contemplaba la música de su amado desde arriba.

Foto por: María J. Delgado (balcón del restaurante La Capilla)

Al caer la tarde, el balcón se convierte en un mirador, es el mejor asiento para el espectáculo de la noche. Desde ahí arriba, puedes ver todo el centro iluminado, ver sus capillas e iglesias. Con tu celular salen fotos hermosas. No te lo puedes perder. Es un momento de silencio y contemplación. El balcón nos da el privilegio de la distancia: estamos en la ciudad, pero sobre ella, viendo cómo el misterio de la noche envuelve cada cúpula iluminada.


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