Las puertas coloniales 🚪


Caminar por las calles del Centro Histórico de Quito es un ejercicio de observación de fachadas blancas y balcones floridos. Sin embargo, para quienes hemos crecido cerca de este maravilloso lugar, la verdadera esencia no está en lo que se muestra a simple vista, sino también en las cosas que pasan desapercibidas y que para muchos no es tan relevante. Esta vez, vamos a ver y adentrarnos en la historia que susurran las puertas coloniales de Quito, estos portones grandes de madera que han custodiado la intimidad de los quiteños por siglos.

Un poquito de historia 👇🏾:

Ilustración realizada por: María J. Delgado (a la izquierda, una de las puertas coloniales de la Catedral Metropolitana de Quito)

El material con el que están hechas estas puertas es un festín para los sentidos. La piedra andesita que contrasta con la calidez de la madera envejecida. Al tocar estas superficies, uno puede sentir las marcas del cincel y el paso del tiempo. Las vetas de la madera, expuestas por años de humedad y sol, cuentan historias de épocas donde no existía el cemento ni el plástico.

No olvidemos los herrajes. Los clavos de cabeza de diamante y las aldabas de bronce o hierro forjado son los accesorios de esta arquitectura. Cada golpe de una aldaba contra la madera producía un sonido seco y profundo que anunciaba la llegada de alguien al mundo privado de la casona. Hoy, esos sonidos han sido reemplazados por timbres eléctricos, pero la textura del metal oxidado sigue ahí.

Foto por: María J. Delgado (puerta de la iglesia de El Sagrario)

Además, si observamos detenidamente los rostros tallados en algunas de las puertas, podemos ver facciones que mezclan lo europeo con lo andino. Esos ojos que nos miran desde la madera no son solo decorativos; son símbolos de estatus y protección. En algunas casas, estos rostros representan ángeles, pero en otras, son figuras mitológicas que tenían la misión de espantar las malas energías antes de que alguien pusiera un pie adentro de la casa o iglesia.

Como una persona observadora que vive en las alturas del Panecillo, mi perspectiva siempre ha sido la de alguien que mira hacia adentro. Decidí escribir sobre este tema porque siento que las puertas coloniales de Quito están desapareciendo bajo capas de pintura moderna o, peor aún, están siendo reemplazadas por puertas de metal modernas que no tienen ese espíritu y clase de las puertas del centro.

La próxima vez que camines por el Centro, detente frente a un gran portón de madera, aprecia el detalle de su arco de piedra y pregúntate qué mundo se esconde tras ese zaguán.

La arquitectura invisible de Quito se siente al rozar la madera y al cruzar el umbral hacia el silencio.

Foto por: María J. Delgado (puerta de la iglesia de El Sagrario)


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *